
El bizcocho con sabor a crema de orujo no había salido muy bien, ya que en medio de la cocción se fue la luz y no volvió hasta casi media hora después.
De modo que lo cogí, lo desmenucé, le añadí chocolate blanco y avellanas y lo puse como base para mi tarta de queso de mascarpone. Como topping usé galletas Biscoff y unas bolitas hechas con restos de la misma base.
Cada mordisco devuelve un sabor diferente. Eso me gusta. Y a quien la probó, afortunadamente, también.
Me alegro de haberle dado otra oportunidad al bizcocho fallido. Este un ejemplo de como algo que parecía perdido puede transformarse en algo que nos puede servir igualmente. Tal vez no del modo que habíamos pensado, pero sí de una manera sorprendente e incluso, muchas veces, mejor.
En ocasiones algo no sale como lo habíamos planeado, pero todo esconde una lección y una nueva oportunidad. Solo hay que intentar descubrir lo que realmente esconde bajo sus capas. Puede que intentáramos tener una rosa, pero su espíritu escondía una peonía. Igual de hermosa ¿verdad?

0 comentarios en “tarta de queso y orujo”