romper rutinas

26 de julio de 2020 2 mins to read
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lo de siempre puede convertirse en algo diferente con tan solo modificarlo un poco. Introducir variables ayuda a romper la monotonía.

Composición magdalenas de moras, tabla de madera, tarjetas y cordel

La rutina desgasta y aburre, pero por algún motivo estamos dotados de imaginación. No hacen falta grandes cambios, pequeños cariños ya suponen un toque diferente y emocionante.
Estoy hablando por supuesto de magdalenas. Todos las hemos probado, sabemos a qué saben (os recomiendo las hechas en casa, claro está), y pensamos que ya no nos pueden sorprender.


Pero estamos muy equivocados. Las magdalenas todavía tienen mucho que decir. Les gusta reinventarse.
Cojamos, por ejemplo, moras.

Magdalenas y moras. Es un cambio de rutina sencillo y nada complicado. Mezclamos sabores diferentes, mezclamos colores y texturas. Así de fácil es romper rutinas.
Os dejo con la receta, que no tiene mucho misterio.

  • Elegimos sobre 12 cápsulas para magdalenas
  • Lavamos las moras con cuidado de no romperlas ni comerlas
  • En un recipiente mezclamos el azúcar y el azúcar avainillado con los huevos y batimos hasta que la mezcla haya doblado su tamaño (más o menos)
  • Añadimos el aceite, la nata y el yogur y seguimos batiendo todo
  • Mezclamos la harina tamizada con la levadura en polvo, el bicarbonato y la sal
  • Es hora de incorporar los ingredientes secos a la mezcla líquida. Batimos todo, pero no en exceso, solo hasta que no queden grumos
  • Incorporamos las moras y  mezclamos con cuidado para no estropearlas
  • Echamos la masa en las cápsulas, que ya deberían estar dentro de las cavidades de un molde para magdalenas. No se deben llenar hasta arriba, solo dos tercios más o menos
  • Por fin es hora de hornearlo todo. Para ello tendremos el horno precalentado a 180ºC
  • Toca esperar y vigilar hasta que las magdalenas se doren. De 20 a 25 minutos
  • Cuando estén listas, las sacamos del molde y las dejamos enfriar sobre una rejilla

Ahora paciencia. Resistir el olor tan rico que logra que nuestro estómago se queje ansioso. En el momento en el que podamos dar el primer mordisco, sentiremos que hemos  contribuido a transformar lo de siempre. Eso es algo magnífico, maravilloso y satisfactorio. Y todo con unas sencillas moras.

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