
No sé por qué los carnavales nunca me han gustado demasiado. Viniendo de Alemania, donde es todo un acontecimiento, cabría esperar de mí un entusiasmo acorde. Sin embargo, incluso en la niñez me disfrazaba más por protocolo que por gusto. Solía ir de vaquero, alguna que otra vez, de indio.
Aunque sí hay un disfraz que recuerdo con cierta ternura, el de vampiro. Fui al colegio con el pelo engominado y peinado hacia atrás, la capa y la dentadura postiza (que impedía que contestara con acierto a las preguntas de la profesora). Ciertamente, ir de vampiro era toda una paradoja, ya que me aterraban los no-muertos. Estaba convencido de que había uno habitando en el sótano de mi edificio. Hecho que me hacía subir las escaleras hasta mi piso de tres en tres. Este terror solo duró lo que duró mi ignorancia sobre la existencia de las vampiresas. Pero esa historia queda para otro día, que me estoy desviando del tema.
He de confesar que ni siquiera las comparsas lograban seducirme. Pocas veces entré en la batalla por los caramelos que se lanzaban desde las carrozas de carnaval. Distinto sería si lanzaran orellas de carnaval. Ahí no me ganaría nadie… 
Hay, no obstante, un lugar al que sí me gustaría ir para vivir sus festejos: Venecia. Los trajes de la época de Canaletto, el misterio de las máscaras, la seducción… ¿Estoy otra vez hablando de vampiros?

Espero que hayáis pasado unos días felices, con o sin disfraz. Y aunque llegue un poco tarde os mando un: Helau!, como solemos exclamar en Alemania en carnaval.
Imagen de portada de 5598375. Flámula, Carnaval y Multicolor. En Pixabay
Imagen carnaval de Venecia de Helena Jankovičová Kováčová. En Pexels
0 comentarios en “helau!”