hablo de nieve

23 de enero de 2021 4 mins to read
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recuerdos de entonces, anhelos de ahora

paisaje nevado con casas

A mí me gusta la nieve porque:

  • Anuncia la Navidad
  • Libera al niño que hay en mí: Peleas de bolas de nieve en el patio de la escuela. La profesora que nos advierte de que está prohibido. Entre la nieve podría haber alguna piedra. ¡Venga ya! Con lo divertido que es. ¡Ploff! Esta acabó en la espalda de la profesora.
  • Libera al niño que hay en mí 2: Los muñecos de nieve se visten con la mejor bufanda y una rama con un propósito desconocido. Los ojos y los botones son de carbón y la nariz, claro está, es una zanahoria. A disfrutarlo porque cuando creces no es lo mismo.
  • Libera al gamberro dentro de mí: Esos árboles cargados de nieve. Un paseo por un bosque encantado. ¿Pero cómo resistirse a tirar de una rama para que le caiga la nieve encima a tu compañía? Divertidos escalofríos.

  • Libera mis dotes artísticas: Ese coche ocultado por la capa de nieve puede quedar mucho más estiloso con dibujos, firmas y mensajes enigmáticos para el conductor.
  • Me enseña idiomas: Neve (italiano y gallego), Schnee (alemán), Snow (inglés), sneachta (irlandés)…
  • Tonifica mis muslos: Cuando la nieve llega a la altura de las rodillas, solo queda levantar las piernas si quiero avanzar. Y si me canso, me dejo caer sobre la cama mullida. Solo un ratito, que está fría.
  • Voy a la moda: Para evitar que alguien resbale se esparce gravilla sobre la nieve. Claro que no es de mucha ayuda cuando echas a correr. Cuando veo la cicatriz en mi rodilla todavía me acuerdo de mis vaqueros favoritos rotos.
  • Viajo al espacio: Ver la nieve caer desde la ventana no solo es relajante. Ver los copos caer te crea la ilusión de que tú te estás elevando. Y si tienes un listón de madera al que le has dibujado complicados botones de mando, puedes arrancar tu nave espacial y viajar.
  • Me convierte en aventurero: Un subidón de adrenalina cuando ya se hace de noche y bajas en trineo por esa cuesta flanqueada por árboles. Risas y gritos: “¡Dios, me la voy a pegar!” que hacen que los vecinos abran las ventanas.
  • Libera mis dotes artísticas. Ese coche ocultado por la capa de nieve puede quedar mucho más estiloso con dibujos, firmas y mensajes enigmáticos para el conductor.Coche nevado con inscripción de nombre de ariel
  • Me hace ser prudente: Nunca vayas por delante de esa persona que te gusta cuando caminas por nieve casi convertida en hielo. Cualquier resbalón puede hacerte desear tener el don de la desaparición.
  • Veo milagros: los copos de nieve son fascinantes, obras asombrosas de la naturaleza. Qué lujo que se posen sobre la palma de tu mano.

Photo by Damian McCoig on Unsplash

  • Me acurruca: Es escuchar la canción “Let it snow” y me imagino frente a una chimenea, con una taza de chocolate y una manta de lana a cuadros.
  • Soy solidario: Una casita de madrea colgada en un árbol y bolas con semillas. Me escondo y veo a pájaros silvestres agradecer la comida y el refugio.
  • Me lleva a mundos lejanos: ¡Todos esos cuentos mágicos cubiertos de nieve! “La reina de las nieves” o “El león, la bruja y el armario” o “Cuento de Navidad” o … Letras profundas, copos de nieve revoloteando, magia al poder.

Por todo esto me gusta la nieve. Recuerdos de entonces, anhelos de ahora.

¿Conoces Manzaneda? En Galicia también se lleva esquiar sobre nubes. Te lo cuento aquí

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