
Nos invitamos a cenar por vez primera. La promesa de un hermoso ahora cuelga entre nosotros. Miradas que huyen al suelo, sonrisas que se escurren hacia el pecho, zapatos que se buscan debajo de la mesa sin saberlo.
Nos sirven la comida. Tengo hambre de leer tus relatos sinceros, de conocer tus rincones ocultos y caminar por tus sueños secretos.
Tu sencillez seduce mis emociones. Puede que afloren demasiado atrevidas, pero el miedo no me acompaña hoy.
Los bocados me parecen más sabrosos. Nos robamos suspiros, deslizamos esperanzas entre los platos e inventamos sinónimos para lo que todavía se ahoga en la copa de vino.
¿Dónde quedó la realidad que teníamos adherida, cuándo nos deshicimos de ella? Ya solo veo el atardecer asomarse en tu mirada y el reloj detenido en un hermoso ahora.

La tartaleta de verduras y queso, además de estar riquísima, sirve de inspiración a una historia de amor recién horneada. Creo firmemente que vivir el ahora es la única manera que tenemos de disfrutar sin reservas.
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