lo de siempre puede convertirse en algo diferente con tan solo modificarlo un poco. Introducir variables ayuda a romper la monotonía.

La rutina desgasta y aburre, pero por algún motivo estamos dotados de imaginación. No hacen falta grandes cambios, pequeños cariños ya suponen un toque diferente y emocionante.
Estoy hablando por supuesto de magdalenas. Todos las hemos probado, sabemos a qué saben (os recomiendo las hechas en casa, claro está), y pensamos que ya no nos pueden sorprender.

Pero estamos muy equivocados. Las magdalenas todavía tienen mucho que decir. Les gusta reinventarse.
Cojamos, por ejemplo, moras.

Magdalenas y moras. Es un cambio de rutina sencillo y nada complicado. Mezclamos sabores diferentes, mezclamos colores y texturas. Así de fácil es romper rutinas.
Os dejo con la receta, que no tiene mucho misterio.

Ahora paciencia. Resistir el olor tan rico que logra que nuestro estómago se queje ansioso. En el momento en el que podamos dar el primer mordisco, sentiremos que hemos contribuido a transformar lo de siempre. Eso es algo magnífico, maravilloso y satisfactorio. Y todo con unas sencillas moras.

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