
Cuando vi el libro “Superhéroes y la filosofía” en la librería no tuve más remedio que comprarlo. Me llamó la atención su cubierta, pero sobre todo el título. El concepto de superhéroe despierta en mí la ilusión de un mundo mejor, más justo, y sin la filosofía ese mundo no podría existir. Una fusión de ambas ideas prometía ser una lectura interesante.
Estaba en lo cierto. Con exposiciones amenas, profesores de filosofía, guionistas y críticos del mundo del cómic nos muestran una perspectiva diferente de nuestros personajes favoritos. El carácter y los actos de superhéroes como Batman o Wonderwoman son examinados mediante los pensamientos de filósofos como Platón o Kant. Las reflexiones que hacen los autores nos ayudan a comprender lo que hay detrás de los disfraces coloridos. Alcanzamos a verlos desde otra perspectiva, a preguntarnos, como tal vez nunca lo habíamos hecho antes, sobre las verdaderas motivaciones de quienes han decidido salvar un mundo corrupto. Desde la perspectiva filosófica nos daremos cuenta de que, salvo por los poderes asombrosos, los superhéroes no son tan distintos a nosotros. Ellos también tienen sus luchas internas, también están buscando un sentido a la existencia y no son inmunes a las dudas y miedos. Hay algo mucho más profundo en ellos que el simple afán de luchar contra el Mal.
No hace falta ser un experto en estas cuestiones, todos sabemos más o menos de qué va el tema.
Leer este libro me animó a profundizar en preguntas como, ¿qué mueve a los superhéroes a comprometerse con la humanidad? Algunos de ellos obtienen sus poderes por algún tipo de accidente, otros vienen de mundos lejanos y los poderes ya les son innatos y otros son inmensamente ricos. Aun con estas diferencias, les une su compromiso por ayudar a los más desfavorecidos.
Muchas veces son incomprendidos e incluso temidos y repudiados. Sin embargo, usan sus superpoderes, destrezas y fortuna para luchar contra las injusticias. Ante el desagradecimiento y la crueldad de los humanos cabría pensar que se hartaran y se lo pensaran mejor. Al fin y al cabo con sus habilidades podrían dominar a la humanidad entera. Hago mención a la película “Wonderwoman” del año 2017, con Gal Gadot como protagonista. Es un ejemplo perfecto de lo expuesto.
También podrían optar por usar los poderes en beneficio propio o simplemente no hacer nada provechoso con ellos. La famosa frase ligada a Spiderman “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, es en mi opinión el leitmotiv que define la vida del superhéroe. Quien tenga unas capacidades extraordinarias debe ser consciente de que usarlas o no puede marcar la diferencia para alguien (como de hecho ocurre en la vida del hombre araña). Sus acciones siempre tienen un impacto sobre los demás, puede ser para bien o para mal, pero nunca son indiferentes.

Mucho tendría que equivocarme, pero creo que todos hemos soñado alguna vez con ser superhéroes. ¿Qué harías tú si fueras uno? Entendiendo que un superhéroe es, como hemos mencionado antes, alguien comprometido con hacer el Bien. Puede parecer una idea estupenda, pero ¿serías capaz de soportar lo que ello implica?
Pongamos que tienes la habilidad de leer la mente y tienes una fuerza y reflejos excepcionales. Imagina que en tu día a día trabajas para un empresario corrupto al que no le importa la miseria de nadie. Un día tu hermana se encuentra en el lugar equivocado y es testigo de un asesinato que ordenó el empresario, de modo que es perseguida y sufre un terrible “accidente”. Iracundo te envuelves en tu disfraz de camuflaje y sacas a tu jefe del despacho. Lo llevas hasta la azotea del edificio, lo coges por las piernas y lo dejas oscilar sobre una calle que queda a cientos de metros debajo de vosotros. Le recriminas sus fechorías sin poder dejar de pensar en que tu hermana tal vez no se recupere jamás de sus lesiones. Él, lloriqueando, te asegura que se arrepiente y que si lo devuelves al suelo se pondrá en manos de la justicia. No te hace falta leer su mente para saber que miente. Ves que piensa en el arma que lleva en el interior de su americana y que su intención es pegarte un tiro tan pronto lo pongas a salvo. ¿Qué harías?
Dejarlo caer sería una opción. Contribuirías a que nadie más sufriera por su culpa, terminarías con la corrupción y el miedo en tu ciudad. ¿Pero deberías hacerlo? ¿Podrías dejar de ser fiel a tus valores y actuar cegado por la ira? ¿Puede dar muerte a alguien, por muy despreciable que sea, considerarse hacer lo correcto?*
El superhéroe se impone a sus impulsos, aunque ello suponga liberar una batalla consigo mismo. De modo que elegirá soltar al villano sobre el suelo y esquivar la bala. Le dará un buen puñetazo (solo para dejarlo aturdido) y lo dejará en manos de la justicia, aun sabiendo que se librará porque seguramente tiene sobornado a algún policía o juez. Pero volverá a detenerlo una y otra vez hasta que el empresario corrupto acabe cayendo en su propia trampa. Al fin y al cabo, el superhéroe trabaja en esa empresa para tenerlo vigilado.
Pensado con detenimiento, no es fácil manejarse en semejante tesitura. El superhéore ha de tener una fuerza de voluntad inquebrantable, ser muy noble y altruista. Sería sencillo dejarse seducir por la fama, la vanagloria y el poder (para todo esto no hace falta recurrir al mundo del cómic. Lo vivimos en el día a día). Pero por suerte para la humanidad, incluso en los momentos de más duda, el superhéore no se deja cegar por la luz brillante de la soberbia.


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