
Hay postres a los que les pillamos el truco enseguida y otros que no parecen ir con nosotros. A mí la leche frita no se me da bien, suele parecerse a una crema avainillada. He probado dos veces a hacerla y se me resiste. Lo que sí me sale bien es la rosca. Nos caímos bien desde el inicio.
En una panadería los días de Pascua suelen ser un caos. Las roscas y los entrenzados entran y salen del horno como si estuvieran rabiosas por despertar a la vida. Antes de acabar en nuestras manos tuvieron que pasar por un riguroso tiempo de fermentado. Luego se les da la forma deseada, se pinta con huevo, se les echa azúcar por encima y se adornan con guindas. Una vez que salgan del horno, se empaquetan y se muestran en el despacho o se cargan en furgonetas para ser repartidas.
Con tanta tarea parece que se le quitan a uno las ganas, pero en casa, si se hornean solo una o dos, no es tan complicado. Lo único tedioso es el tiempo de espera para que fermente la masa, ya que nos puede llevar buena parte del día. Sin embargo, por el olorcito tan rico que deja vale la pena esperar. No tenemos que decorarla imperativamente de forma tradicional. Como siempre, podemos darle nuestro toque e innovar. Yo le he puesto naranja confitada y después la he emborrachado con licor de mandarina.


Para salirnos de lo típico, podemos buscar recetas diferentes, ya que, ante todo, la repostería debe ser divertida. Esta ovejita en concreto siempre triunfa entre los pequeños y los que son un poco menos pequeños.

Esta receta es de Dr. Oetker
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