
Hace unos días compartí con unas amigas un Brötchen mit Schaumkuss. Es un panecillo con un beso de espuma (traducción literaria). Consiste en un merengue cubierto de chocolate sobre una base de barquillo.
Es algo muy típico en Alemania (como la Nutella con mantequilla). Solíamos comerlo en los recreos hace unos poquitos años. Así que cuando vi los Schaumküsse en ese establecimiento que nos da alegrías a los alemanes emigrados, no lo dudé.
La preparación de este bocado requiere un ritual muy solemne, casi tanto como el de la ceremonia del té. De modo que nos pusimos a ello, emocionados, sonrientes, comenzando una metamorfosis.
El ritual es el siguiente:
Cortas el Brötchen en horizontal, pones el Schaumkuss en la parte inferior, colocas la parte superior y ¡crac! aprietas con ganas.

Con el primer mordisco se hizo el silencio, pues ya ninguno de nosotros estaba allí. Sin darnos cuenta habíamos rejuvenecido. Cada uno se encontraba en medio de ese patio escolar, rodeado de los gritos de los amigos, jugando con palos, pelotas, cuerdas y tizas. Corriendo de un lado para otro, cansados de tantas risas; en una mano el brik con leche chocolateada, en la otra el Brötchen mit Schaumkuss. Las comisuras de los labios pegajosas por el merengue, igual que hoy, solo que ahora se me pega al bigote.
Hay sabores que vienen con un billete hacia un recuerdo. Es un viaje que merece la pena hacer, y si es es en compañía cómplice, mejor que mejor. Entre amigos es muy gratificante darse estos homenajes de vez en cuando.
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