La historia interminable es un libro escrito por Michael Ende, publicado en 1079. Se considera literatura infantil / juvenil, aunque ya se sabe que hay obras que trascienden el género que se les da. La primera parte de la historia fue llevada al cine. SI os acordáis: Bastian, Atreyu, Fújur (el dragón blanco de la suerte, que muchos de nosotros habíamos confundido con un perro).
Resumiendo muy mucho: Bastian es el que lee La historia interminable (sí, tenemos un libro dentro de un libro). El reino de Fantasía está amenazado por la Nada, que avanza sumiendo todo en, precisamente, Nada. Atreyu es el encargado de buscar al héroe que puede devolverle a Fantasía su esplendor, y ese héroe no es otro que el propio Bastian.
Esta es la primera parte del libro, la que se ve en la película, pero queda otra en la que Bastian, dentro del reino de Fantasía, sigue sus aventuras. En definitiva, es una obra llena de simbología que tiene una lectura más profunda. La búsqueda de uno mismo y de lo que verdaderamente desea, valores como la amistad, la imaginación, y un guiño a los que tratamos de crear nuevas ideas para que Fantasía nunca sucumba a la Nada.

Dejando a un lado su intemporalidad y su condición de referente para jóvenes y adultos, lo realmente fascinante es que Bastian forme parte del libro que lee. Entra en la historia y por tanto en otro mundo. Esta es una idea que siempre me pareció sublime y despierta en mí un anhelo casi místico. (Mis propias novelas y relatos reflejan esta idea de un modo u otro. Cito como ejemplo: Terror Final, un relato gallego publicado en el volumen 3 «Vieiros do mañá» con la editorial Contos Estraños).
Pero hay otros ejemplos donde los protagonistas dejan atrás el mundo conocido para descubrir nuevos horizontes. En Reckless hay que traspasar un espejo para llegar al mundo de los cuentos, a Narnia se llega a través de un armario sin fondo. He de confesar que he estado varias veces (y mis padres preguntándose qué hacía metido en el ropero…).
A este respecto tengo una buena noticia, por si queda algún despistado. Todos podemos acceder a estos mundos. No requiere una fórmula mágica ni elaborados artefactos. Es tan sencillo como abrir un libro. ¿Acaso no nos sentimos muy lejanos, como abducidos, en cuanto leemos la primera frase? ¿No temblamos con el villano y luchamos mano a mano con el héroe? ¿No sentimos las emociones que desbordan las páginas? Percibimos el olor de sus ciudades, escuchamos el murmullo de sus bosques, contemplamos el color de su cielo.
Leer es una emocionante reunión con los personajes que nos esperan impacientes detrás de la cubierta. Es compartir su mundo un rato, es vivir mil vidas. Aunque eso sí, cuando cerramos el libro debemos darles un descanso, ya que, como dijo Michael Ende en una entrevista con respecto al mensaje de La historia interminable: “[…] separado de lo real, lo fantástico pierde también su contenido”.
Además, seamos sinceros, todos sabemos que en cuanto se cierra la cubierta los personajes se van a dormir o a tomar unas cañas… Aunque el mundo real nos aguarde, siempre nos traemos evidencias del universo visitado, ya que el encuentro despierta nuestra imaginación, enriquece nuestro interior y abre nuestra mente. Y antes de que esto se convierta en una historia interminable, me voy un rato a estudiar magia a Hogwarts.
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