
pensamos mucho. Lo cual no está mal. Pero solemos pensar sobre algo cuando no toca.
Cuando dormimos, durmamos.
Nos despertamos en mitad de la noche a causa del episodio de la serie que nos tiene angustiados o porque hemos bebido demasiada tila y tenemos que ir al baño. El caso es que al volver a cerrar los ojos no es tan fácil volver a los brazos de Morfeo. ¿Por qué? Porque permitimos que las preocupaciones trepen por las sábanas como víboras para mantenernos rumiando horas y horas. Y de pronto suena el despertador. En realidad suena justo cuando volvemos a quedarnos dormidos. Parece un pacto diabólico que ha hecho con las preocupaciones.
Cuando terminamos de trabajar, terminemos.
El trabajo tiene esa fastidiosa manía de engancharse a nuestra ropa para que lo llevemos con él. Vamos arrastrándolo como un mal perfume allá donde vayamos. De pronto se aparece en la cesta de la compra, se sienta entre nosotros y nuestros amigos en la cafetería y nos sonríe al lado del brik de soja en la nevera. Demasiado tarde, ya lo hemos dejado entrar en casa. Resignados lo invitamos a cenar, a ver la tele en el sofá y sin darnos cuenta sigue ahí a la mañana siguiente. Lamentablemente, ha hecho buenas migas con las preocupaciones (y con el despertador).
Cuando comemos, comamos.
¿Alguien se ha preguntado por qué todo sabe a tornillos y a agua destilada?
Ciertamente volvemos a tener a los comensales equivocados sentados a nuestra mesa. Las preocupaciones, el trabajo, y quién sabe si el despertador, han invitado a la prisa, al tedio y a la distracción. Y claro, ya no hay sitio para los sabores. Estos pobres solo pueden observar desde algún lugar lejano cómo chismeamos frenéticamente con los otros invitados.
Eso sí, para el móvil, que se ha colado en la fiesta, tenemos un sitio, ¿eh?
¡Cuántos entrometidos hay en nuestra vida! Es cierto que no podemos evitarlos, de algún modo hasta sería aburrido desterralos por completo, pero sí que podemos ponerlos en su sitio. Porque cada cual tiene su lugar y su momento. ¿Esto tiene que ver con el Mindfulness? Claro.
Bueno, perdonad. Sí que hay alguien a quien podemos desterrar: al despertador, por plasta.
Y, resumiendo, esto es lo que viene a decir este bizcocho jugoso de limón. El bizcocho Mindful. Porque, desde luego, mientras hacemos un bizcocho de limón, hagamos un bizcocho de limón.


Elaboración bizcocho

¡LISTO PARA DEGUSTAR!


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