el bizcocho mindful

28 de noviembre de 2021 4 mins to read
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Bizcocho de limón entero con taza de café

pensamos mucho. Lo cual no está mal. Pero solemos pensar sobre algo cuando no toca.

Cuando dormimos, durmamos.
Nos despertamos en mitad de la noche a causa del episodio de la serie que nos tiene angustiados o porque hemos bebido demasiada tila y tenemos que ir al baño. El caso es que al volver a cerrar los ojos no es tan fácil volver a los brazos de Morfeo. ¿Por qué? Porque permitimos que las preocupaciones trepen por las sábanas como víboras para mantenernos rumiando horas y horas. Y de pronto suena el despertador. En realidad suena justo cuando volvemos a quedarnos dormidos. Parece un pacto diabólico que ha hecho con las preocupaciones.

Cuando terminamos de trabajar, terminemos.
El trabajo tiene esa fastidiosa manía de engancharse a nuestra ropa para que lo llevemos con él. Vamos arrastrándolo como un mal perfume allá donde vayamos. De pronto se aparece en la cesta de la compra, se sienta entre nosotros y nuestros amigos en la cafetería y nos sonríe al lado del brik de soja en la nevera. Demasiado tarde, ya lo hemos dejado entrar en casa. Resignados lo invitamos a cenar, a ver la tele en el sofá y sin darnos cuenta sigue ahí a la mañana siguiente. Lamentablemente, ha hecho buenas migas con las preocupaciones (y con el despertador).

Cuando comemos, comamos.
¿Alguien se ha preguntado por qué todo sabe a tornillos y a agua destilada?
Ciertamente volvemos a tener a los comensales equivocados sentados a nuestra mesa. Las preocupaciones, el trabajo, y quién sabe si el despertador, han invitado a la prisa, al tedio y a la distracción. Y claro, ya no hay sitio para los sabores. Estos pobres solo pueden observar desde algún lugar lejano cómo chismeamos frenéticamente con los otros invitados.
Eso sí, para el móvil, que se ha colado en la fiesta, tenemos un sitio, ¿eh?

¡Cuántos entrometidos hay en nuestra vida! Es cierto que no podemos evitarlos, de algún modo hasta sería aburrido desterralos por completo, pero sí que podemos ponerlos en su sitio. Porque cada cual tiene su lugar y su momento. ¿Esto tiene que ver con el Mindfulness? Claro.
Bueno, perdonad. Sí que hay alguien a quien podemos desterrar: al despertador, por plasta.

Y, resumiendo, esto es lo que viene a decir este bizcocho jugoso de limón. El bizcocho Mindful. Porque, desde luego, mientras hacemos un bizcocho de limón, hagamos un bizcocho de limón.

Elaboración bizcocho

  • La mantequilla ha de estar blanda (también puedes usar margarina). Bátela hasta que esté sedosa y añade el azúcar y la ralladura de limón
  • Sigue batiendo hasta que todo esté bien mezclado
  • Añade los huevos de uno en uno,  integrando cada uno bien antes de añadir el otro
  • Tamiza la harina en otro bol y agrega la levadura en polvo y la sal
  • A velocidad  media, incorpora la mitad de esta mezcla a la masa de mantequilla, y vete alternando con la leche hasta terminar de incorporarlo todo sin que queden grumos
  • Vierte la masa en el molde (de unos 25 cm de largo) engrasado y forrado con papel de horno. Puedes no ponerle el papel, pero podrás desmoldar mejor el bizcocho después.
  • A hornear en el horno precalentado a 180ºC unos 55 – 60 minutos. Recuerda pinchar con un palillo el centro del bizcocho. Si sale limpio, es que el bizcocho está listo. Como sabéis, cada horno es un mundo. Hay que ir probando
  • Deja reposar el bizcocho en el molde unos 10 minutos. Desmoldea y déjalo enfriar sobre una rejilla. Si quieres, puedes decorarlo con azúcar glas y si no, déjalo tal cual

¡LISTO PARA DEGUSTAR!

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