
¿Qué me dices de despertarte y decidir sorprender a alguien para bien? Así, sin más, sin esperar nada a cambio. No tiene que ser nada especialmente complicado o meditado.
A veces el día a día con sus prisas nos tiene absorbidos. No somos capaces de prestar atención a nuestro entorno. Es decir, no vivimos en el aquí y ahora. El presente no está presente.
Entonces, no sería estupendo parar el tiempo y preguntar a esa persona que tienes cerca cosas como: ¿Qué tal estás? ¿Cómo te está yendo el día? O podrías acariciar a tu mascota.
Piénsalo, ¿no te parece reconfortante la sonrisa de quien se siente escuchado, de quien se siente apreciado?
Regalar nuestro tiempo es el obsequio más especial que podemos hacer porque sale del corazón. Es ahí dónde ocurre la magia. El tiempo en sí no se recupera, pero se transforma en recuerdo. Ese tipo de recuerdos que curan cuando acudimos a ellos. Busca, ¿a que tú también tienes algunos así?
Yo he decidido sorprender hoy con estas tortitas decoradas con corazones. El resultado no ha sido del todo el esperado. ¿Pero acaso importa? Con lo que nos hemos reído, está claro que no.
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