apfelstrudel

7 de julio de 2020 3 mins to read
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manzana y canela se casan

cuadrados de hojaldre con manzana y azúcar glas

La historia de Manzana y Canela es como la historia de Epi y Blas o la de Arena y Mar. Son el uno para el otro, irremediablemente.


Es posible imaginarlos por separado, claro. Pero no es lo mismo ver a Epi charlando con Homer Simpson que discutiendo con Blas. Tampoco es lo mismo estar tumbado en la arena para contemplar el mar que hacerlo sobre el asfalto. Otro tanto ocurre con Manzana y Canela, mejor juntas.
Siempre aposté por ellas y creo que eso me dio el privilegio de haber sido invitado a su boda.


Cuando vi a Manzana, tan elegante y luminosa ella, y Canela, aromática e intensa, supe que iba a ser una boda inolvidable. Fue una ceremonia un tanto peculiar, debo admitir. Quiero decir que no fue un evento rígido y esquematizado como las bodas humanas. Todo transcurrió más o menos como sigue:
Manzana fue la que más tiempo tardó en arreglarse. Como supimos más tarde, estaba bastante tensa y tuvo que estar un buen rato en la sauna. Finalmente, consiguió ablandar esa tensión.
En el lugar de encuentro Canela no tardó nada en echarse en sus brazos, aliviada por verla aparecer al fin. Apenas tuvieron unos segundos para fundirse en un cálido beso, pues ya iban llegando los invitados: los Azúcares Muscovado y Moreno (deliciosos ambos con ese perfume a regaliz que, aseguran altivos, vuelve locas a todas las frutas), la familia Clavo al completo (Madre, Padre y creo que conté 3 hijos, no lo puedo asegurar, ya que son todos idénticos) y Vino Oporto, que al final se apuntó, achispado como de costumbre.
Estábamos muy a gusto hasta que Hambre pegó un grito para advertirnos de que debíamos acudir al lugar de ceremonia (no nos habíamos percatado hasta entonces de su presencia).


Yo estaba un poco preocupado porque Hojaldre, el padrino, no había aparecido todavía, pero resultó ser que se había despistado y ya estaba esperando en Molde. Nos reunimos con él y ya no volvió a separarse de la comitiva, tan protector él. Calor ejerció una ceremonia cálida. ¡Cómo nos emocionamos! (Nota: los ingredientes lloran de emoción exhalando olores deliciosos. Yo lloré como de costumbre, con lágrimas).
Salimos de Molde, en el sofocante municipio de Horno, y fuimos hasta Comedor, situado en mi casa. Lo había preparado todo con detalle y mimo. Quería que Manzana y Canela sintieran lo agradecido que estaba por hacerme partícipe de su felicidad. De modo que cuando todos llegaron hice una seña a Azúcar Glas (el invitado secreto) y éste se exhibió volando sobre todos los invitados como si sufriera complejo de arroz.
Festejamos hasta caer rendidos y perder la noción del tiempo. El primero en marcharse, tan misteriosamente como había llegado, fue Hambre. Por cierto, un tipo muy extraño éste. Resulta que tiene el poder de hacernos retroceder en el tiempo a su antojo. Por mí perfecto, así podré volver a asistir a la boda de Manzana y Canela.
En resumen, una boda deliciosa.

Aquí vemos a Manzana y Canela sumergidas en Grecia durante su luna de miel

Por cierto, las malas lenguas dicen que la mezcla de canela y miel es casi milagrosa para nuestro organismo, pero solo son rumores. Desde luego no seré yo quien le vaya con chismes a Manzana.

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